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El puente (Una)

Le distinguió a lo lejos, a varios kilómetros. Sobre la pampa la vista alcanza una distancia inmensa. Iba ¿O será mejor decir venía de lado a lado? Tropezando por el camino enlodado. Arrastrando un par de tozudas maletas que se negaban a avanzar, clavando las  ruedas en el cieno de la más seca temporada. Sonreía divertida, acodada sobre la barra de la posada mientras aspiraba el humo, sin preocuparse por la vista del nacimiento de sus senos que ofrecía la holgada camiseta al calor espeso y tropical.
Miraba entre el humo denso del extraño pitillo liado a mano que induce al ensimismamiento, indiferente a los demás. Acá todos dios lleva en la cintura un revolver. No siendo que sean dos y además un grueso machete. 
Que pena de hombre pensó, sin desviar la mirada. El señor licenciado no tiene un borrico que le cargue los aperos, ni un caballo que le traiga los zapatos secos.

Por el rabillo del ojo vigilaba como el brujo de las agujas se acerca para cumplir el rito de cada sesenta minutos, lo que en el profundo interior del sur del Brasil viene siendo una hora. Con pasmosa precisión, él, largo, enhiesto, viril, da las horas y tras escuchar las campanadas, inicia una alocada huida alrededor de la esfera, hasta cogerla en una desafortunada posición, cumple con su deber funcional y después apunta al suelo.
– ¡Traidor, impotente! Insultaba en su mente, doña Luisa, otra vez la dejas a medias, ladrón. ¡Hale, ya se larga de paseo, sin hacer como es debido!
– Las cinco y veinticinco, llegará puntual como cada tarde de calor, la más seca del año, arriba de la foresta se alza una bruma gris, si no lo remedia algún santón orando, se irá concretando en un negro nubarrón, primero el relámpago, después el trueno y a seguidito el diluvio tejerá una cortina densa y oscura que impedirá ver los propios pasos.
Contempla al penoso caminante y calcula en alta voz:
– ¡Pues ya no tiene remedio! Confirmando los augurios, rompe el rayo desde lo alto del cielo y tras él, con un sonoro redoble de timbales, el trueno consiguiente recorre el valle. ¡Acá viene la Mamacocha con ganas de jugar! Apaga la humeante colilla y asciende despacito a la habitación que tiene reservada para el insólito huésped. Ahora doctorado en humedades. Será el único cliente de la posada durante la temporada. Inserta el tapón de caucho en el desagüe, abre el grifo del agua caliente y aguarda hasta que se llena la bañera. -¡Ya va suficiente! Acuerda consigo misma.
Desde la recepción una voz grave de hombre reclama atención.

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El valle

Sólo una docena de vecinos permanecen ociosos al amor de la lumbre. Las noches se alargan, el frío aprieta durante la madrugada y el silencio ocupa todas las horas de la jornada. Desde lo alto el grito de un halcón provoca leves correteos  hasta la madriguera. Una breve estampida desde los crasos matorrales.  Las alturas de la montaña lanzan hacia el Norte al río de gélidas aguas y el cegador reflejo de la nieve lava el paisaje, la transparencia acerca el horizonte cuando la mañana se acaba y, a paso lento, llega la hora de buscar el calor del fuego. 

Invi.

A la hora de la merienda. Invi continúa jugando con la nieve. Gruñón parece desesperado porque no da abasto para limpiar el sendero que rodea la casa.  ¿Alguno de ustedes tendrían a bien echarle una mano? ¿Y dos?

-¡Por última vez! ¿Quién me ha tirado bolas  nieve?

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F/4 1/400s ISO-200 31mm

Refranes y paisaje.

Año de nieves, trae época de bienes. Desde la ventana, de la mañana a la noche retirando nata de los tejados y las ramas.  

 

Magos

-La solución definitiva para evitar la entrada de bruxas, xusonas, menciñeiras, meigas, duendes, trasnos y demás habitantes de los sueños. La única capaz de impedir la entrada de rayos en su hogar.  Adquiera hoy mismo Chimenaguda en los mejores almacenes de la localidad. 

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F/8 1/400s ISO-400 31mm

 

-¿Lo has visto Nicolás? Y pasado mañana a tramitar reclamaciones porque en lugar de bicis de montaña, les dejaremos unas pinturas de palo. 

Mazda

Esa dicen que es la marca de automóviles que, más o menos, sólo fabrica para entendidos.

Sucedió hace tres mil años, más o menos, sin caer en tiquismitencias. Zoro, un incauto pensador atribulado caminaba, más o menos, cerca del paso del Khyber, coordenada arriba o abajo. En una zona, más o menos, desértica que ocupa, más o menos, las altas mesetas de Pamir donde el mal de altura causa abundoso malestar, que se combate, màs o menos, con cautas ingestas de efedra. Una planta leñosa amiga del clima árido y que se afianza en la proximidad de torrenteras. Hablamos de cautelas frente a la citada gimnosperma por la marcada tendencia que posee a almacenar alcaloides, más o menos, potentes. La de los Monegros es lo más. La cuestión era la profunda preocupación que ocupaba, más o menos, a nuestro pensador, desde la irrupción de las, más o menos, afiladas aleaciones de cobre y estaño. Hasta ese momento las peleas se apañaban con unos punto de sutura y unas cervezas en la taberna de la esquina, donde se rumoreaba de un tal Caín que manejaba las quijadas de mula como un experto matarife. Leyendas urbanas. Pero desde la aparición de las armas de metal la carrera armamentística tenía un ritmo acelerado. (Voy a poner otro párrafo)

-¡Como las cosas sigan así, esto no lo para ni Dios! Gritaba Zoro a pleno pulmón, mientras el  asma le prestaba algo de resuello, entre trago y trago de infusión. Lo que, más o menos, sucedía justo antes de desplomarse sobre el mostrador. 

-¿Que será eso de dios? Se preguntaban, más o menos, todos los parroquianos entre trago y trago de cerveza. –

-Anda Mariano, sirve otra ronda que luego te la paga Zoro. Así era, más o menos, la cantinela de todas las noches. Y Mariano bien aconsejado por Martina, su previsora esposa, acordó que era mucho más rentable sacar a Zoro a tomar la fresca en la plaza mientras, más o menos, se mantenía erguido.  

Y de aquella guisa le sorprendería Mazda, más o menos, con los ojos entreabiertos y las pupilas como platos a merced de los astros.

-Este humano, más o menos, sabe contemplar la obra del Increado, se dijo Ahura Mazda. Cuando le insuflaba la revelación. Lo único feo es la afición que le ha cogido al té. ¡Pero qué le vamos a hacer, le llamaremos Zoroastro!

-De esta intervención han transcurrido, más o menos, tres mil años y, más o menos, idénticos preceptos constituyen los fundamentos de las sucesivas religiones.

1- Sed, más o menos, buenos si podéis. 

2- Haced, más o menos caso, de las escrituras que el amanuense siempre se deja algo importante en el tintero.

3- Evitad la envidia, la soberbia, la codicia y la avaricia porque, además de generar grandes sufrimientos, al final, más o menos, todo lo creado sigue siendo de mi propiedad. 

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F/4 1/1000s ISO-800 42mm