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Archive for the ‘De cuentos’ Category

Las montañas

Hacía algunos días que la lluvia persistente se había afianzado sobre el valle, la ciudad de piedra rezuma. Apenas se distingue el azul lechoso del cielo sobre las cimas de las montes orientales, a la precisa hora de la puesta del sol, cuando el músico perezoso recoge las monedas y se levanta iniciando la retirada. Instantes después la noche cubrirá los tejados y estos a sus moradores. Los ruidos del ajetreo menguarán, pasos sobre roca oscura, apresurados, los del retorno a casa sobre al agua caída. Amortiguados apenas penetran por la ventana entreabierta. El escritor desde su atalaya de mampuestos perfectos, escuadrada de palabras, alzada entre letras, sobre la plaza porticada observa como olean, en amarillentos reflejos, las amarillentas luces urbanas.
 
Sólo él, constante observador, desde el privilegiado adarve de su mesa, conoce la verdad. Llueve desde hace semanas, en realidad llueve desde hace meses, pero nadie más se percata de que sucede. Les vio llegar una mañana soleada, él se quedo sentado en el escalón, ella le dio un beso largo, de corta despedida y le dijo espérame que ahora vuelvo…Pasó la jornada y, fiel a su promesa, aguardaba. Amaneció otro día nuevo, esplendoroso y ella no volvía, y otros muchos más días. Alguien del comercio vecino, depositó compadecido el instrumento sobre su regazo, de inmediato resonaba su triste canto sobre la plaza y alcanzó toda la ciudad descendiendo a través de las calles aledañas.

Por las colinas del occidente el cielo se va tiñendo del oscuro gris de acero, el viento calmo se asoma a escuchar y se queda muy, muy quieto, el orballo templado y manso desciende  reposado y constante. Hace meses, que el sol se demora jugando sobre la arena de la playa, otrora de las montañas; el tiempo se ha detenido en un otoño permanente y ella, ella no vuelve. Mañana seguro que de nuevo llueve, cuando, llegada la madrugada, se siente en su escalón, retomará su canción y descenderán las notas, rebotando una tras otra, por la piedras de las calzadas hasta el puente. 

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La echadora de cartas

Escribir jugando

– Hablaron las cartas: Un tintero y puente de plata.

Una sombra se removió inquieta.  – Las puertas de la noche permanecen abiertas.

–  Ya no está en nuestras manos, exclamó tomando la forma del Ojo en el Cielo.

– ¿Debemos actuar? Preguntó oscilando.

– Es hija de la niebla que separa ambos mundos. Cree en la magia blanca.

– ¿Y en el puente de plata que viste?

– Híbridos recién nacidos, ignoro si son estériles.

– ¿Y si fueran fértiles?

– Habría llegado la luz, un nuevo ser humano en la galaxia y nuestra raza derrotada.

– ¿Y los ocho mil millones de terrícolas?

-¡Como nosotros, serán una leyenda!

https://lidiacastronavas.wordpress.com/2018/09/01/escribir-jugando-septiembre/

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Canuto V

Duelos

En Torregordillo pronto se convierte en un espectáculo el constante trasiego de carros cargados, los menos procedentes de Trigalia, los más abarrotados en sentido contrario. Mariano nunca se distinguió en la escuela por el dominio del cálculo, pero contar si que sabe y también anotar con la navaja muescas sobre el palo del escobón.

La diferencia de alturas en el mango le hace preveer que, a ese ritmo comercial,  pronto no va a quedar ni un saco en el muy noble reino de Bigalia para contener grano,  dedica los siguientes Domingo y Fiestas de Guardar a  comprar los costales  disponibles en las ferias de alrededor. Apenas ha transcurrido el Otoño y la cotización de los bolsones alcanza cotas desconocidas. 

ENVASES TEXTILES-ALQUILER Y COMPRA señalan sendos carteles a las entradas de la población,  por el hilo se conoce dónde anda el ovillo, dice en refranero y si, ante la sobrevenida carencia de expectativas profesionales, los molineros del reino andan buscando un nuevo sostén rodando caminos,  en lugar de girando muelas. Casi todos al paso por Torregordillo arriendan media docena de envoltorios de los de a seis arrobas para complementar la tara disponible,  dejando en el bolso de Mariano la consiguiente fianza, paga y señal. 

Con la llegada del mal tiempo y el tráfico muy aminorado, las muescas en la escoba demuestran que el negocio se trastoca. La poca lluvia y el mucho frío invitan al recogimiento y nuestro Mariano que no se resigna a abandonar el papel de exitoso negociante, cepillo en mano cuenta rayas, revisa la contabilidad e investiga nuevas tendencias del mercado y posibles expectativas de inversión al tiempo que extraña tener un claro dominio sobre el uso del ábaco. ¿Nueve por siete…?

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Canuto IV

Superada la postrera cuesta del último puerto, sobre la cabeza su majestad descubrió nieves perpetuas y a sus pies llanuras inmensas, amplios valles sembrados de verde cereal y un millar de molinos al borde de los ríos. 

Trigalia sería un reino rico en el cual reinar pensaba el monarca. El Mariscal evaluaba si serían suficientes trescientos jinetes para acometer una gloriosa conquista y Canuto calculaba los ducados necesarios para tornar en su favor la voluntad del papado.  

Cruzaban miradas ambos dignatarios y, sin pronunciar palabra, acordaron esperar acontecimientos revestidos de astucia paciencia y humildad. El camino hasta la capital fue una constante celebración. Pan más que blanco, inmaculado. Una cerveza dorada cuyo fresco sabor perduraba en el paladar. Desaparecieron de las refecciones las cebollas, los ajos y, en algún abrupto sendero, el pan negro debió extraviar el rumbo del cocinero. O fue que se lo comieron los terneros que ocuparon su puesto en el plato principal. 

Tras una semana de marcha un humor excelente, sonrosadas mejillas y ahitos de suculentos guisos alcanzaron rollizos el patio del palacio presidencial, en la mesa de su salón principal festejaron y firmaron ventajosos acuerdos, se pronunciaron aplaudidos discursos y prometieron eterna amistad entre ambos pueblos. 

De resultas de lo cual y tras la cesión de ciertos derechos sobre el uso de los puertos, convinieron abonar por cada arroba de blanca harina recibida, el doble de grano en cebada o el triple en centeno. El Rey babeaba de contento pues iba a perder de vista el centeno y la sopa, el Presidente trigaliano exultante y el Mariscal sumido en los posibles porcentajes a incrementar en los precios y algunos impuestos extraordinarios que sumar a las abundosas rentas necesarias para adquirir residencia y ejercer el cargo de nuevo embajador plenipotenciario ante la república. 

Lo mejor del libre comercio es que casi todos salen ganando. Al menos los firmantes. IMG_0426

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Canuto III

Los estrategas

Entre aprender preces y alabar la historia, a los párvulos de Bigalia se les pasaba el tiempo de la escuela. – Con eso y las cuatro cuentas les ha de valer, manifestaba el válido repetidamente. Así dieron en saber que, ante la perspectiva de sufrir invasión era lo mejor dejar el terreno vacío y baldío para dificultar la intendencia al enemigo. 

Desde la fácil victoria obtenida en Torregordillo, cada cebolla arrancada costaba arduas negociaciones, hallaban las poblaciones medio abandonadas, hueros los establos y aunque a medida que avanzaban hacia el norte los ríos descendían más caudalosos, sospechaba el Mariscal, que por los abruptos valles también ascendían los caudales de los pobladores en busca del abrigo de cuevas ancestrales. 

A la entrada de cada poblado lo habitual: Dos sacos de cebollas, un celemín de ajos, media fanega de romero o tomillo u oloroso cantueso, de perejil fresco media saca y de centeno al menos diez arrobas. Vaya que, añadiendo algo de tocino rancio, la provisión de sopa estaba asegurada. 

Cuando a primeros de Agosto la expedición se detuvo en la frontera de Trigalia, los más de los carros sólo cargaban monjes exhaustos. Lo cual vino a complicar en extremo el tránsito de la comitiva porque un aduanero se negaba a aceptar religiosos que no estaban recogidos en el acuerdo de libre comercio bilateral y por tanto les consideraba mercancía sujeta a pignoración subjetiva. – O sea que los curas no pasan porque de este lado ya tenemos bastantes. 

Y con aquel forzoso retorno de los monjes, quebró la razón espiritual del viaje real. La conversión a la fé verdadera de los impíos republicanos de Trigalia mediante la conmoción auspiciada por un acto de vehemente peregrinación.

A mayor penitencia, la obcecada negativa a volver grupas por parte de los arrieros, convencidos de que algo de carga se podía contratar para el camino de vuelta.

A mayor dolor que, privados de escolta, apenas eran atisbados los cánticos, en lugar de cebollas, los aldeanos les arrojaban gruesos cantos rodados propulsados con honda y trás cada blanco, una onda de satisfacción recorría los campos. 

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Canuto II

Reorganización

Al amparo de las últimas casas de la capital mandó el Mariscal de Campo reorganizar la comitiva real, pues no le pareció adecuado al ornato debido que los dos mil monjes cantando loas, dejarán a los lados del camino un inevitable reguero de aguas menores, y el aroma de algunas mayores, que aminorara el natural brillo del evento. 

O sea que a golpe de galope, la carroza real avanza envuelta en relumbre de corazas, hasta ocupar las primeras plazas de la nube polvorienta. En medio de la vanguardia, a buen recaudo, los carromatos de viandas y, adelantando la marcha, los heraldos sobre una decena de mulas para advertir a los alcaides que deben enjaezar la población, rendir homenaje y provisionar la cocina con los típicos productos para lustrar el almuerzo oficial de la jornada. 

A tres leguas de marcha, Torregordillo será la primera parada programada para celebrar el almuerzo.  Si bien la crónica oficial exaltara el evento como el hecho del siglo y la plaza del mercado mudara de nombre a: Equis, uve, palito, palito de Julio  para grabar a fuego lento la fecha del evento.

Mediada la tarde contra la soledad del suelo, Mariano, barrendero municipal, maldice el día en que aceptó la propuesta para ejercer de funcionario, mientras los canes entierran en las eras los últimos huesos que habitaron gallineros y palomares, los pastores observan perplejos pellejos de ovejas y corderos y un coro de lamentos se eleva de casa en casa.

Un zagal parte a galope tendido, sobre yegua alazana, para despertar al resto de lugares del partido judicial. 

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Canuto

A Canuto XVI, rey de Bigalia no le gustaba el pan negro, por más que desde su más tierna infancia sus preceptores insistieran en que, algún día, gobernaría una tierra pobre pero honrada. Ese aspecto de la misión heredada, por la gracia de dios, no contribuía en nada a mejorar las digestiones que apareja la constante ingesta de  harina de centeno.

El lado Norte de la montañosa región fronteriza, las llanuras de Trigalia se extienden como una toalla sobre la arena de la playa. La textura de ese reino cubierto por feraces campos de cereal semeja a las olas del mar mecidas suavemente por la frescura de la brisa.

Al verde tinte de la primavera, le sucede el dorado de las espigas maduras que la fuerza del agua multiplica cada estío en incontables sacos de harina de blanco trigo y dulce cebada, capaces ambas de crear con su sabor el paraíso de los afortunados  ciudadanos de la república. “Panis et cervisie” reza la divisa nacional

Per gratiam Dei venit finis cunctorum admonetur hominumAdvierte un arco triunfal sobre el puente levadizo que conduce a la entrada del palacio de Canutos. (*)

(*) Por alcanzar la gracia de Dios viene la tristeza de los hombres.

Sea como fuera, por visitarse en médico estomacal, por afianzar las relaciones comerciales o porque el carácter marcadamente peninsular del reino, obliga, quieras o no, a atravesar la única frontera para salir al extranjero.

Primera visita de estado de su majestad, Canuto equis uve palito, a bordo de una elegante carroza se encamina hacia el país hermano, le preceden dos mil cartujos descalzos entonando cánticos en procesión. De gallardetes armados a mosquetón, tres batallones. Doscientos carros de bueyes rollizos que, además de los enseres debidos, trasladan cien toneladas de harina de centeno, cincuenta de salvado salado para alimentar las bestias concurrentes, treinta de galleta seca, veinte de cebolla morcillera, siete de ajo bien picante, cuatro de vinagre fuerte y agua de boca. Justa provisión, para preparar las raciones previstas de sopa boba.  Para el resto de las, equis uve palito, jornadas: “Deus providebit”.

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