Entre los más curiosos peregrinos que llegaron nunca al Finisterre, dicen se encuentra el eremita Guillermo de Aquitania, cuyo presunto refugio en la parte oriental del cabo, tras su fallecimiento, servió de lugar de culto y además para que los matrimonios, que tenían dificultades para engendrar hijos, fuesen a unirse como esposos sobre la piedra labrada que dicen fue lecho del ermitaño, harto el obispo de que se usara ese lugar para estos gozosos fines, decidió derribar la construcción hasta los cimientos y trasladar los restos del santo a la iglesia parroquial, al poco tiempo, cuenta que durante una noche de temporal, aparecieron en la villa un grupo de caballeros armados que a golpe de espada se llevaron, ¿Quien sabe donde? las reliquias custodiadas. Lo que no logró el mitrado fue desterrar la costumbre de buscar el milagro de la concepción sobre esa granítica cama, aún hoy, se sospecha de parejas que continúan practicando ese particular modo de culto y entre las comadres de confianza, cuando en alguna se adivina el estado de buena esperanza, se interrogan con la pregunta habitual. ¿Qué, fuiste a rezar a san guilleme?. Felices fiestas.


No sé porque dices doloroso, sí no te pilla la lluvia puede hasta tener su morbo la cosa, digo yo…LAS VISTAS SON ESPECTACULARES…
jajaja, visto así…