Y es que ya sabrán el cuento aquél del billete de a mil pesetas que con su sola presencia, pasando de mano en mano, fue capaz de resolver los problemas de todo un pueblo, pues venía yo pensando que para el resurgir de la economía patria se necesita lo primero ahorro y lo segundo confianza en las instituciones del país para depositario sobre manos responsables y que así se vayan elaborando apetecibles productos para todos con eso; aunando suficiente dineros acumulados, ganas de adquirir cosas y productos elaborados en la propia tierra; se iría propiciando el despegue y de paso abonando los correspondientes ivas y venías. Pero cualquiera se fía y deja por ahí alegremente los cuatro euros sobrantes en el monedero durante el mes de Abril, o se los dilapida en algún capricho y luego que toque cargar con la culpa y el cargo de conciencia, lo más fácil, vistos los viernes que nos regalan los consejos de ministros y las noticias provenientes de las agencias de calificación, pasa por dejarlos quietos en el monedero o por comprar acciones de las llamadas “blue chips” que siempre presentan un buen dividendo;, son estás compañías de una abultada cartera de clientes, sin grandes necesidades de financiación para nuevos productos y de esas que o pagas o te cortan el servicio, eléctricas vaya, y demás calaña, que a cambio de que nos sangren cada mes por los más absurdos conceptos, también nos prestan un servicio insustituible por el momento, y que a la chita callando, serán las primeras en detectar una hipotética reactivación del consumo y de paso sacar una buena tajada en cuanto arranque la maquinaria productiva para exportar barato, lo que es resumen de lo dicho por nuestro buen amigo el Sr. D. Paul Krugman, que cuando bajen lo debido los sueldos por estos lares, estaremos en disposición para salir del atasco. Ahora la imagen.
Esperando las lilas


