Anda uno estos días algo preocupado por causa de uno de esos libros que viven de forma perenne sobre la mesilla de noche, en especial por una pequeña sentencia allí escrita sobre la que ya habría pasado varias veces, sin reflexionar a fondo; esta vez ha abierto una ventana que me hace observar de otra manera lo noticiado cada jornada, bajo otra mirada y medir con duda a gente que hasta ese momento consideraba impulsada, incluso en erradas decisiones, por su buena voluntad. Me pongo las antiparras de señor mayor y se lo pongo aquí negro sobre blanco: “Para ser diabólico en gran escala, hay que poseer en alto grado, como el satanás de John Milton, todas las virtudes morales, excepto la caridad y la prudencia.. Sobre la vigilancia que debe uno mantener; ante la terrible caída viciosa que los servidores públicos deben evitar, dominando ellos su natural tendencia a la codicia, la soberbia, la envidia, o la avaricia; ahora me hallo perdido; y tiene su gracia la expresión. ¿Como distinguir a la hora de elegir a unos u otros frente a las urnas?. Sí ya no se quienes son los buenos y quien los malos. Menos mal, que como siempre; procedente del bar, tras trasegar su vermú y su aperitivo; llegó sentenciando mi primo; ese con tanta chispa, que ya saben, no debía nada a nadie; y me soltó una verbal andanada, “primo tú andas tolo, bo, o qui se dise bo non hay ningunho”. Y se marcho a comer y a reposar la siesta sin esperar por mi parte respuesta. Pero a mi me gustaría pensar que entre los gobernantes se encuentra alguna gente desinteresada y que desea llevar a cabo buenas obras, amparada por la razón del bien común, aunque cada día la prensa venga plagada de relatos que cuentan sobre terribles pecados, vicios y tropelías cometidos por dirigentes impunes que deberían con su buen hacer ser ejemplo para todos los gobernados. Mariano mal vamos. Ahora la imagen.
De almendras
24 enero, 2012 por bymoya
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